Un tanto de Haydée y de Mariana en una sola mujer

Desde que Mariana escuchó la proposición, aquello era un compromiso moral con ella y su generación. Frente a un auditorio de jóvenes pertenecientes a la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), Raúl Castro hablaba sobre la importancia de la presencia de las mujeres en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y su participación en el servicio militar voluntario. La escena ocurrió en el año 2009 y en ese entonces, Mariana tenía 18 años y era Presidenta de esta organización en la provincia.

“¿Cómo iba a llegar yo a Matanzas a convocar a las muchachas para integrarlas a este llamamiento? Mi premisa siempre fue predicar con el ejemplo”. Me cuenta Mariana mientras se acomoda el pelo, largo y negro.

Cuando llego a mi casa con la noticia hubo un rechazo total por parte de mi familia. La mujer es vista como un ser frágil. Aunque existan ejemplos muy valiosas, siempre hay estereotipos que están muy intrínsecos en la sociedad cubana y constituyen algo generacional.

A la familia de esta adolescente, le preocupaban además los peligros que podía enfrentar en situaciones de supervivencia, manejos de armas y cumplir con los estrictos requisitos militares como cualquier hombre. ¿Cómo lograste que entendieran y aceptaran tu decisión?, pregunto, un poco incrédula.

“Mi mamá  no lo creyó hasta el momento que llegó la señora del registro militar de la zona a hacerme la captación. Fue un momento tenso, porque entró en pánico y comenzó a llorar, el rechazo fue mayor. Pero finalmente respetaron mi decisión y comprendieron, a través de la comunicación, que era necesaria mi presencia en el servicio militar.”

Inicialmente, a Mariana le informan que estará en la brigada de la frontera, en la provincia de Guantánamo. Tuerce los labios y ya puedo imaginar la preocupación de la familia, ella sonríe. Pero, le comunican que será trasladada para una unidad en el Ejército Central, en la provincia.

Dentro de la unidad, fue un poco complicado en un inicio. Éramos menos mujeres que hombres. Nosotras como primer reto, nos impusimos hacer respetar el valor de la mujer como género y desde el punto de vista biológico. Con nosotras nunca hubo una falta de respeto. Si algo hay que señalar también es que los hombres aprendieron a respetar el papel de la mujer en la unidad militar.

Cuenta que inicialmente, en la etapa de previa, se levantaban de madrugada, hacían gimnasia matutina y al igual que los hombres del pelotón, prácticas de tiros en igualdad de condiciones. Mariana habla despacio, bajito, y yo intento dibujarme la imagen de esta muchacha pequeña y delgada vestida de verde olivo cargando un arma pesada.

La primera vez que fuimos a disparar una AKM muchos hombres no pudieron, porque se les tupieron los oídos, no sabían manipular el arma o tenían temor. Muchas de las jóvenes fueron incluso francotiradoras y eso despertó un entusiasmo tremendo en las filas masculinas, comenta con el orgullo adolescente de entonces.

Otra experiencia graciosa fue la supervivencia. Hubo hombres que no la aguantaron. Sin embargo las mujeres instauraron orden, disciplina, su distinción femenina en cuanto a organización del espacio, hicieron el ambiente más agradable frente al hostil en el que estábamos viviendo en el medio del monte, rodeados de animales y con una alimentación no muy adecuada.

Terminado el tiempo de la previa, recibe un curso de 15 días de seguridad y es trasladada al Ejército Central, donde está al frente del punto de control de pase de la unidad. “Yo estuve haciendo guardias de uno por uno como se le conoce en la vida militar, que son 24 horas de guardia y 24 de descanso. El papel de la mujer en un punto de control de pase en una unidad tan importante como esa decía mucho de la confianza que depositaron en nosotras para este tipo de ejercicio”, explica mientras cruza las manos sobre la mesa y yo me imagino a esta niña, de madrugada, montada en una bicicleta aplastando grillos para matar el tiempo.

-¿Si tuvieras que volver a vivir esta experiencia, qué harías?

–  No me arrepiento de haber pasado el servicio militar, si tengo que hacerlo otra vez lo hago. Muchos de esos hombres con los que compartí son mis amigos actualmente y valoran la decisión de las muchachitas de 18 años que fueron al servicio militar y no escatimaron en fragilidad, ni descuidaron sus hábitos de belleza.

A este grupo de muchachas las llamaron “Las Haydée”, en homenaje a Haydée Santamaría. Yo pienso en Mariana, “La madre de los Maceo”, pienso en Celia Sánchez, en Lidia Doce, Clodomira Acosta y en todas las mujeres que hicieron y hacen nuestra historia. Comento con esta joven periodista la importancia de las féminas en el desarrollo de la Isla y la necesidad que tienen los estudios de género en el empoderamiento de la mujer.

Mariana resalta la decisión de las FAR de contar con las mujeres en sus filas. Aprendí mucho de la vida militar, me hizo crecer moral y físicamente y con respecto a las temáticas de género, no creo que existan problemas de este tipo, Cuba es un país donde la revolución de los géneros está en un momento especial.

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