Pilar y Demajagua

CNPC LA DEMAJAGUA 3p

Foto: Internet

El viaje resultó largo, cansón y caluroso, pero habíamos llegado. Estábamos allí, en aquel lugar que tantas veces había visto en la televisión y que nunca imaginé tan tranquilo y sereno, la historia me lo había recreado lleno de acción, energía, lucha. Carlos Manuel de Céspedes protagonizó en estas tierras el alzamiento que dio inicio a las gestas independentistas cubanas el 10 de octubre de 1868. Sí, estabamos en La Demajagua, Manzanillo.

Yo tendría unos doce años, pero recuerdo cada detalle del lugar, la vegetación, los objetos que vi, incluso hasta el olor. Como personajes de otra época, nos recibían en la entrada una pareja y una niña, que después supimos era su nieta. Fueron amables, en sus miradas había un respeto y algo de alegría que llamó mi atención. Hablaban despacio y pronunciaban todas y cada una de las letras de las palabras, y conocían muy bien la zona. “¿Viven ellos acá?” Recuerdo que pregunté a mi mamá con curiosidad.

Empezaba a caer la tarde, pero el Sol era potente. Podía sentirse su calor consumido en las parades del local, pero aquello no logró distraer mi atención.

Mi hermana era pequeña, y desde que llegó comenzó a jugar con la niña. Correteaban por toda la finca, se escondían detrás de los árboles, de las calderas donde se cocían los alimentos del ingenio. Hubo tiempo para fotos en la rueda, me sentía increíble, siempre había querido estar ahí.

A la hora de irnos, mi hermana se acercó preocupada a mis padres. A su nueva amiga, mientras corría, se le habían roto los zapatos que llevaba puesto, préstamo de la abuela, guía del museo. Temía el escabroso regaño, el “te dije que no corrieras, que los cuidaras, que mira que son los únicos”, que tanto hemos escuchado las dos.

Su tristeza agudizó cuando había intentado darle los suyos, pero la niña era mayor y no le servían. No he podido olvidar la sonrisa que dibujaron mis padres, el orgullo se les desbordaba en el rostro. Su hija menor, como lo hizo un día Pilar, intentaba regalar sus zapatos a una persona que no conocía. Me sentía un personaje más de Los zapaticos de rosa en pleno siglo XXI.

Me gustaría regresar nuevamente a este sitio lleno de historia y poesía. Quizás ella no esté, o tal vez ya sea toda una muchacha y no nos recuerde, pero me alegraría verlas de nuevo.

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