Ausencias

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Alguien ha removido mis recuerdos, esos de los que sabes no te desprenderás pronto. La montaña rusa, el parque de diversiones, mi infancia, mis miedos, el mar (de nuevo el mar) y las excelentes puestas de sol, son un antídoto a la memoria.

Vuelvo a refugiarme en el chat, como si fuera de él no existiera otra cosa. Oí sus voces, a los mil y tantos de kilómetros de distancia los siento cerca, pero me faltó verles el rostro, sentir sus olores y sus carcajadas.

¿Cómo enseñar a alguien a no extrañar, a despedirse? Mi amiga me dejó esa asignatura pendiente, porque la verdad, como dice mi madre, “nadie experimenta por cabezas ajenas”. Las despedidas no son todas iguales, las pérdidas no tienen el mismo valor, ni las personas somos las mismas, la escuela de la vida te prepara para muchas cosas, menos para los momentos peores.

Hemos dicho adiós en muchas ocasiones, de distintas maneras, algunos se han ido sin el último abrazo, el último beso, o la última palabra. Pero las ausencias son de todo tipo: materiales y espirituales.

No voy a hablar de la papa (tubérculo que tanto detesto en todas sus variantes), del pan, de la ropa, los zapatos, el transporte o el dinero, de los parques de diversiones que no encuentro en ninguna ciudad que visito y tanto me recrean las fotos de mis amigos, de los pueblos y héroes que borra la memoria humana.

Voy a darle la razón a mi amiga y creeré que de verdad el reguetón ha vuelto loca a mucha gente. Los libros se ausentan, ya nadie lee y la gente “se enamora” con una canción que apenas dice dos frases coherentes, al menos lo comprobamos en la disco la otra noche, cuando mi amiga no sabía si la estaban ofendiendo o enamorando. ¿Los valores? Eso es tema viejo, de eso han escrito los grandes de verdad. ¿Compromiso?, es como si esa palabra no existiera en los diccionarios, la gente no se compromete ni consigo mismo, como si no tuvieran escudo, bandera, paradigmas… La responsabilidad abandona los cuerpos, las almas de los mortales y la ciudad se va transformando en caos.

Entonces las banalidades se apropian de la realidad y abarcan un espacio más allá del que realmente les ha otorgado la sociedad, ¿o será que nos estamos convirtiendo en una sociedad banal? Empiezo a tropezarme con preguntas sin respuesta y a terminar este post, donde las ausencias van ganando a las existencias.

 

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