Periodismo de prácticas

Foto: Internet
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Mientras releo a García Márquez recuerdo mi primer día en un aula de periodismo, aquella profesora nos recibió con el artículo “El mejor oficio del mundo” y acto seguido nos decía que no pensáramos vivir del periodismo, sino vivir para el periodismo.

Recuerdo mis primeras prácticas, todos jugábamos a ser periodistas y empezábamos a sospechar que sería igual de difícil como de hermoso. Acceso a fuentes, “peloteo”, escasez de recursos y planes de trabajo que cumplir, coberturas de a pie, el ser y el deber ser.

Aprendimos que de ser el más importante, sería también el más criticado, cuestionado e incluso, de los menos remunerados.

Fuimos víctimas de la prepotencia de algunas fuentes, recuerdo cuando un importante arquitecto recibía un premio y no le concedía una entrevista a uno de nosotros porque era estudiante; cuando en mi primera nota periodística obvié los apellidos de mi informante, o el día que “El Guille” perdía los pies en el pasillo de una institución para averiguar por qué escaseaban los condones en las farmacias de la cabecera provincial; aquella muchacha que se perdió en las calles de una ciudad que no conocía mientras buscaba el Centro de Higiene y Epidemiología para hacer una cobertura; el día que al semanario provincial llegaba una llamada de una escuela donde había uno de nosotros esperando ser rescatado de la ignorancia de quienes no lo dejaban salir hasta que no rompiera los datos, para nada oficiales, que acababan de ofrecerle.

Empezamos a vivir en carne propia la concepción del periodista como mago de la sociedad, y a llegar los vecinos con las quejas del transporte, el servicio del agua, las papas que no llegan a la placita o el mal estado del pan de la bodega.

Desde ya queremos comernos el mundo y soñamos con un periodismo mejor, a la altura de nuestros días y empezamos a entender, como dice El Gabo, que “el periodismo es una pasión insaciable que solo puede dirigirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad, y que nadie que no lo haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida.”

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