La Odisea…Y no de Homero

11745839_1638234189768687_4030648752697314085_n copia

-Da la vuelta, que esto está mojado.- Decía un hombre mientras secaba el piso. La verdad es que en mi estado me daba lo mismo, solo quería que me quitaran ese terrible dolor y esas náuseas insoportables que apenas me permitían sostenerme.

-El médico está almorzando y no regresa hasta la una-, dijo alguien desde una silla, mientras golpeábamos una puerta cerrada donde un cartel ponía “Urgencias”.  Ella me agarraba el brazo, temía que de un momento a otro fuera a desvanecerme por completo.

Llegamos a la enfermería en busca de primeros auxilios y aquella mujer vestida de blanco abría paso para sentarme en una silla, había destacado mi fragilidad. Solo oía a mi madre decirle que tenía un fuerte dolor que me había provocado esta fatiga y despúes de preguntar, trajo un algodón con alcohol para que lo oliera. No pude verle el rostro, mis ojos solo alcanzaban a ver aquellas uñas largas, plásticas y amarillas con brillo que acercaban el algodón a mi nariz. -Por favor, haga algo, se va a desmayar, ¿acaso aquí no hay otro médico?- decía mi madre con desesperación mientras se me borraba el color de los labios y la frente, mis ojos apenas alcanzaban a mirar un punto fijo y mis manos temblorosas empezaban a cerrarse involuntariamente. -Imagínese mamá, hay que esperar que llegue el médico, usted verá que se le pasa.- respondió la enfermera.

-Aquí no me voy a quedar, nos vamos para otro hospital-, me decía asustada mientras me llevaba del brazo y yo en mi estado recordaba a Juan Luis Guerra y su Niagara en bicicleta.

En el otro hospital enseguida la doctora comprobó mi presión arterial e indicó las inyecciones necesarias para mi estado. Aquella enfermera tenía manos de ángel y en pocos minutos recobré el color del rostro, dejé de sudar frío y mis manos volvieron a ser las mismas.

-Cuando entraste, un muchacho que estaba parado en esa esquina comenzó a orar por ti. Me di cuenta porque somos hermanos de religión, de pronto empezaste a sentirte mejor.- me dijo la doctora.

-Muchas gracias, y agradézcale de mi parte a él también- le dije con una calidez atea pero muy agradecida por el gesto. Sigo teniendo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud.

Anuncios

Un comentario en “La Odisea…Y no de Homero

  1. Siempre he sido enemigo de absolutizar lo bueno o lo malo sobre algo. Lo cierto es que casos así son más frecuentes en nuestros hospitales, los cuales pagamos nosotros como contribuyentes, desde un impuesto invisible a partir de nuestros magros salarios. Ojalá el dichoso sistema de quejas de la población funcionara, ojalá la gente no pase con indiferencia como la primera enfermera y sí se detenga con amor como la segunda. El mundo hoy es tan humano como inhumano, y quienes llevan luz deben acostumbarse a la presencia oportunista de la sombra. Decirte sólo algo que ya sabes, hay un algo más allá que nos pide cuentas y nos empuja, que nos juzga y nos perdona. No descartes las luces, aunque no sepas de dónde vienen, ni las conozcas a derechas. Un beso.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s