Cuando tiembla la tierra

Foto: Internet
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Suena el teléfono, es tarde y estoy nerviosa. Me calma con un “todo está bien” pero sigo asustada. He seguido las noticias y la tierra no para de temblar desde el pasado 17 de enero en mi natal Santiago de Cuba, donde todavía queda una parte considerable de mi familia.

Han sentido en más de una ocasión cómo se estremecen la cama donde duermen o la silla en la que están sentados y ya tienen una mochila preparada con lo indispensable, por si acaso.

Recuerdo una vez que estuve de visita por allá y quise sentir cómo se movía el piso bajo mis pies. Era una temporada en la que temblaba hasta de toser, pero no tanto como ahora. La tierra no quiso que tuviera esa experiencia, que según me cuentan, es muy desagradable.

Se viven días de desesperación, mientras esperamos, según informan los especialistas, un sismo de gran intensidad. Una nota publicada en el periódico Sierra Maestra de la ciudad advierte la existencia de dos nuevos factores que complejizan el cuadro de la actual situación anómala. “Primero: ya se tienen dos enjambres de terremotos al mismo tiempo, pues se ha disparado otra serie muy cercana a la que se monitorea desde hace nueve días. Segundo: ha comenzado a oscilar el número de terremotos y sus magnitudes máximas. Unas veces decrece y otras aumenta. Por eso el peligro sísmico ahora es mucho mayor que el primer día.”

Santiago es la provincia de Cuba con mayores riesgos sismológicos, según registros históricos y la cercanía que tiene con el sistema de falla transformante Bartlett Caimán, principal zona de origen de terremotos en la nación. Con una densidad de población considerable y un fondo habitacional bastante deteriorado Santiago aún se recupera de los estragos ocasionados por el huracán Sandy en 2012.

Llevan días sin dormir, o durmiendo muy mal, porque cuando tiembla la tierra, es porque sismos trae, me dicen del otro lado del teléfono. Algunos han pensado en la posibilidad de venirse hasta Matanzas hasta que todo pase, otros simplemente tienen que estar allá, donde los manda el deber.

Alarmada solo espero que pasen estos días angustiosos de incertidumbre sin daños severos, Santiago y su gente no lo merecen.

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